El primer vino en lata de México tiene sello venezolano: Antonio Balassone y su producto estrella “Rosadito”

El primer vino en lata de México tiene sello venezolano: Antonio Balassone y su producto estrella “Rosadito”

Antonio Balassone, fundador de “Rosadito / Foto: Cortesía

 

Una tendencia color rosa se apoderó de México y promete adueñarse del mundo. Pero no hablamos del fenómeno Barbie, sino de “Rosadito” la primera lata de vino en este estilo creada por un venezolano en Querétaro. El delicado sabor de la uva mezclado con su auténtica presentación conquistó paladares desde su lanzamiento en 2021, tanto así que obtuvo una medalla de plata en el “Concours Mondial de Bruxelles”, un éxito que amerita un brindis.

Antonio Balassone es el caraqueño con burbujeante personalidad que siempre estuvo sumergido en un increíble universo gastronómico y tomó ventaja de su recorrido en diferentes culturas para innovar con un producto memorable. Durante una amena conversación, contó a La Patilla cómo logró enlatar toda su experiencia para saciar la sed de aventura de cientos de consumidores a través de una producción que superó las expectativas y reveló sus próximos pasos en la industria. 





Por Elizabeth Gutiérrez | lapatilla.com 

Antonio Balassone es un joven audaz que ha sabido disfrutar la vida en pequeños sorbos. Los aromas, sabores y texturas despertaron su pasión por las artes culinarias desde que era un niño y marcaron el inicio de una admirable trayectoria.

“Cuando era chiquito me gustaba mucho el tema de la cocina. Mi tío menor y yo nos llevamos diez años de diferencia y recuerdo que venía a casa y le cocinaba a él. Siempre me ha gustado cocinar, entonces por ahí como que entró este tema, la curiosidad sobre la gastronomía”, contó.

A los 11 años salió por primera vez de Venezuela y se mudó a Italia. Posteriormente, regresó para culminar sus estudios de bachillerato. Admitió que aplicó a varias universidades, pero no tenía claro qué carrera debía escoger y su familia no quería que se dedicara a la cocina. “Mi padrastro nació en una zona italiana donde hay mucho turismo. Él vivió esa experiencia de ver a sus amigos trabajando en cocina, como el típico trabajo de cocina de muchas horas. Entonces, ninguno de los dos quería que estudiara cocina y allí empezó un poco la duda de qué estudiar”.

Lo que para él significó una casualidad, se convirtió en la base que le permitió desarrollarse en la profesión que lo acercaría a cumplir un gran sueño. En 2010 coincidió con una carrera sobre producción alimentaria en la Universidad de Ciencias Gastronómicas en Italia y llamó su atención porque le parecía la más amplia. Decidió intentarlo y no se equivocó. Aunque, reconoció que la migración es un proceso arduo que asimiló después de tantos años de travesía.

Sin temor a los retos

Antonio nunca le tuvo miedo al trabajo, pues en Venezuela solía ayudar a su mamá con la distribución de una marca de candados. También, estuvo en Australia y fue mesero. Más adelante, mientras estudiaba en la universidad hizo algunas labores en la cocina sin dejar a un lado que se sentía atraído por la fotografía y en ocasiones cubrió eventos de esta categoría.

“Mi trabajo real, full time, en la cocina, empezó cuando me gradué de la universidad y sí, fue un curso como de lo típico. Bueno, lo típico que siento ya se ha hecho un poquito más público, de trabajar muchas horas. La verdad es que, en Italia, en Europa, uno cree que las cosas están como súper aterrizadas, pero hay veces que los restaurantes son muy pequeños, éramos dos en cocina. Entonces, lavar platos cuando se podía se hacía, o sea, como que al final ese es un trabajo muy complicado”.

Antonio Balassone, fundador de “Rosadito / Foto: @rosadito.mx

 

El criollo salió de su zona de confort muchas veces, puesto que le tocó desplazarse de un lugar a otro de forma constante. Después de su paso por Italia, se mudó a Estados Unidos y años más tarde aterrizó en México. “Siento que cada vez que te mudas es un reset completo, esa es la realidad. Sin importar que llegues con trabajo, sin trabajo, con sueldo, sin sueldo, creo que al final es un tema un poquito como de tu centro, que es reiniciar todo, resetear idioma, resetear el tema cultural”, explicó.

Sin embargo, como la mayoría de los migrantes lejos de sus raíces, dijo que se dedicó a entender la cultura de cada región, conocer su entorno, aprender el idioma y adaptarse. “Ahorita estoy en México, me levanto todos los días y es un poco como poner en cuestión tu persona, que creo que es lo más difícil. Creo que la manera que pienso no es 100% la correcta, porque al final estoy en un lugar como un invitado. Es justamente eso, comprender que no eres tú el centro y tu cultura no es el centro. Dar el 100% creo que es lo más difícil, lo vivo a diario y no creo que algún día cambiará”.

Del viñedo a la lata

En el vasto mundo de los vinos, donde las botellas tintinean con historias que se deslizan sobre las papilas gustativas, emergió la innovación de Antonio que desafía las convenciones y cautiva los sentidos: Un producto enlatado, el primero de México.

El origen de este singular concepto germinó en California, donde Antonio encontró su hogar lejos de casa. Su periplo comenzó como una danza entre las mesas de un restaurante del Grupo Tartine Bakery y los pasillos de una bodega en Sonoma. Fue allí donde, entre los aromas de la fermentación y las hojas de vid, este caraqueño comenzó a trazar líneas en su mente, hilando la aventura de la lata que habría de transformar el vino.

No obstante, el pasado de la lata en el mundo del vino no había sido siempre embriagadora. “Desde los 70 como que se enlataba un vino de muy baja calidad, pero realmente a partir del 2010, lo que yo empecé a ver luego en el 2015 en California, es que ya era un vino enlatado de mayor calidad”, explicó.

Rosadito
Foto: @rosadito.mx

 

Tras migrar a México, Antonio llevaba consigo una semilla en su cabeza. Observó que, en esta tierra de vibrante cultura y entusiasmo creciente, no había eco del vino en lata. Fue así como Antonio y su socio tomaron las riendas y llevaron adelante una idea fresca y audaz. 

“A mí siempre me gustó el vino, me preguntaba si se podía hacer de una manera un poquito más accesible para todo el mundo, como más democrático, más divertido (…) ‘Rosadito’ nace en 2021 a partir de esa idea”.

El joven venezolano acarició la noción de liberar al vino de su enigma y transformarlo en un acompañante accesible para todos los días. Un licor refinado que se mezcle con la vida cotidiana. Y aunque él, sea el alma venezolana que impulsa este proyecto, su equipo se teje con hilos mexicanos que aportan su pasión y dedicación a cada lata de “Rosadito”.

La excelencia en un sorbo

La esencia que distingue a “Rosadito” no solo radica en su atrevida presentación, sino en la calidad que fluye en cada sorbo. Mientras que en otros rincones del mundo, la lata a menudo acogió vinos de menor calaña, Antonio desafió esta tendencia. Destinó el néctar de primera selección, el vino de su más alta estirpe, a llenar cada lata de “Rosadito”.

“En Estados Unidos se sigue esa tendencia de enlatar vinos de menor calidad, sin ser muy técnicos, pero generalmente hay una primera selección de líquido que va destinado a una botella”.

Esta disrupción en la calidad fue recompensada con una medalla de plata en el “Concours Mondial de Bruxelles”, un reconocimiento de la excelencia que habita en cada latido de “Rosadito”.

Este creativo enólogo se negó a ser prisionero de las convenciones, forjó un vino seco en un país que abrazaba la dulzura en su versión rosada. Inspirado en las técnicas del sur de Francia e Italia, Antonio liberó al rosado de sus etiquetas y prejuicios, e infundió cada lata con una esencia fresca y aromática. 

Rosadito
Foto: @rosadito.mx

 

A propósito del importante reconocimiento que obtuvo “Rosadito”, el joven de 33 años aseguró que la iniciativa se produjo como un raro experimento que decidieron enviar el último día del concurso… ¡y vaya que fueron sorprendidos con los resultados!

“Mandamos las muestras el último día, las aceptaron y luego dijeron que tuvieron que agregar el líquido de la lata a una botella, porque esos paneles se hacen con una degustación a ciegas. Tuvieron que agregar la lata en una botella porque obviamente si hacían el testing en la lata, la primera percepción se iba a tergiversar un poco, se iba a influenciar. Después del testing tuvimos el resultado de la medalla de plata”.

Por otro lado, descartó la idea de que la presentación de su producto reemplace la experiencia de una botella de vino e insistió que solo debe ser reconocida como un complemento y una bebida versátil al alcance de todos. 

“No quiero mandar a ‘Rosadito’ a más concursos, no quiero ponerle medallas porque siento que no tiene por qué ser eso. Quiero que sea un producto en el que la gente no lo piense demasiado, sea delicioso, bueno, fresco. De hecho, el hashtag que usamos en Instagram es: ‘¡Qué rico es Rosadito!’”.

Coleccionista de sabores

Detrás de una electrizante marca como “Rosadito”, existe el esfuerzo y la completa dedicación de Antonio Balassone y su amigo Noah Tovares. El venezolano agrega su creatividad para hacer brillar el perfil gustativo del vino mientras que su socio se encarga de los aspectos operativos y logísticos, la fusión perfecta para el buen funcionamiento del proyecto. 

El caraqueño afirmó que, desde su lanzamiento, las expectativas se superaron a niveles inesperados. “Mi socio hizo una corrida económica, donde estimamos vender unas 4000 latas aproximadamente. En la primera producción se sacaron unas 2500 latas, y bajo esa perspectiva, ya teníamos cubierta la primera mitad del año. Para que entiendas, nosotros vendimos 500 latas solo en nuestro primer fin de semana. Enlatamos en noviembre y tuvimos que volver en diciembre a enlatar más porque ya habíamos vendido bastante”.

Antonio Balassone y Noah Tovares, fundadores de “Rosadito”/ Foto: Cortesía

 

El pionero del concepto de “Rosadito” en México confesó que nació como un capricho que más adelante los condujo a aventurarse en un mundo de infinitas enseñanzas. “Descubrimos que es súper práctico a nivel de espacio, porque el stock, o sea la caja de 24, es pequeña, entonces el stock es sencillo. Descubrimos justo que elimina la merma de copeo, que no necesitas cristalería, que es mucho más sustentable que la botella, ya que elimina la huella de carbono en un 80%, porque el vidrio que se usa en México se importa de afuera. En fin, muchas cosas y así fue creciendo, día a día mientras vivíamos la experiencia”.

La producción de “Rosadito” está arraigada en tierras mexicanas. “Todo es México”, afirmó Balassone. El primer vino en lata mexicano ha encontrado su hogar en el corazón del país azteca, al abrazar su cultura y diversidad. No obstante, la curiosidad trasciende fronteras y las miradas se posan en la posibilidad de expansión, pero este joven venezolano es cauto.

Algunas voces sugerían importar vino barato de otras tierras y enlatarlo, Antonio se mantiene fiel a su visión original, mientras apuesta por lo auténtico y local. Este año se destinaron uvas orgánicas certificadas para el vino. De esa manera, subraya su compromiso con la excelencia y la sostenibilidad. 

“No sé si ‘Rosadito’ puede ser de otro lugar, quizás, no lo sé. A lo mejor en el futuro, en vez de importarlo a España, hacemos un vino español con uvas locales, porque también igual para nosotros la sustentabilidad es importante, entonces obviamente entendemos que hasta cierto punto exportar no es tan sustentable”, comentó.

De momento, El Salvador, Panamá, Estados Unidos serían los primeros mercados internacionales de “Rosadito”, y tal vez Venezuela se una a la lista, dado el interés creciente de la marca.

Un éxito que se añeja

Hacia el futuro, Balassone mantiene una filosofía inspiradora: “Sobrevivir el presente”. Aunque su socio insiste en planes y proyecciones, Antonio abraza la incertidumbre con valentía. En vez de atarse a expectativas, se aferra al momento que le regala cada día. Su mente se encamina hacia el año venidero, con la felicidad de producir vino orgánico y abrir las puertas a la exportación.

La innovación late en el corazón de “Rosadito”, y Antonio no teme en dar un paso más allá. “Este año vamos hacer un experimento de otro ‘packaging’, no diré cuál, pero no será embotellado. Haremos un experimento, un vino tinto”, acotó.

El joven latino consideró que la clave para llegar a la cúspide del reconocimiento y el alcance masivo que ha logrado es gracias a la resiliencia y esfuerzo desmedido. Como venezolano en otras tierras supo que adaptarse a los cambios le aseguraría un camino diferente. “He viajado muchísimo, he conocido a muchísimos venezolanos alrededor del mundo y no creo que sea casualidad que el común denominador es que somos muy trabajadores, muy echados pa’ lante. Entonces para mí, el secreto es seguir moviéndose”.

Rosadito
Foto: @rosadito.mx

 

Luther King tiene una frase que motiva a Antonio y la compartió sin dudarlo: “‘Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia adelante’. Precisamente, Balassone es un alma inquieta que se preocupa por aprender y aplicar sus experiencias en lo que hace. “Para mí es fundamental (…) Hay que moverse y no tener miedo al trabajo”, añadió.

El viaje de Antonio que lo llevó de su país natal a territorio mexicano, destila aromas de nostalgia y determinación. “Cada vez que me voy de Venezuela, comienzo a extrañar la comida”, confesó con una chispa en los ojos, mientras evoca los sabores ancestrales que le susurran al oído desde la distancia. Un aguacate “gigante”, el casabe, los quesos y las frutas: un festín de memoria y añoranza. Pero, al mismo tiempo, su mirada se eleva hacia nuevos horizontes, como un racimo de uvas en plena madurez.

“Para poder estar bien en donde uno está no hay que estar aferrado demasiado al pasado, es imposible, pero hay que ver hacia adelante”, concluyó.