Por qué la muerte de un perro es más dolorosa que la de un ser querido

Por qué la muerte de un perro es más dolorosa que la de un ser querido

Una pareja celebra el cumpleaños de su perro. | Foto: Badword mx

 

Los perros son la compañía perfecta para cualquier ser humano; son los seres vivos más fieles, cálidos y extraordinarios que pudiéramos tener. Un perro es más que una mascota, se vuelve parte de nuestra familia, y por ello es que es tan dolorosa su partida, pues aunque sea parte del curso de la vida, cuando se va de nuestro lado también pasamos un proceso de duelo en el que la presencia de nuestro amigo nos hace tanta falta y entristecemos.

Por Kate Nateras / Cultura Colectiva





Estudios confirman que la muerte de una mascota, algunas veces, suele ser más dolorosa que la de un humano, incluso más difícil de superar, todo esto dependiendo de la cercanía. El vínculo con nuestras mascotas es tan fuerte, que es muy parecida –o completamente igual– a la que tenemos con las personas.

Las mismas hormonas y sustancias químicas que nos hacen sentir amados y conectados con otros humanos se liberan en nuestro cerebro cuando vemos a nuestro amigo canino; así pasamos los años a su lado que ya no es indiferente de nuestra familia, pues ahora es parte de ella y un ser sumamente especial. Pero, ¿por qué entonces podemos tardar más en superar a nuestra mascota que a un humano?

La respuesta es porque cuando un familiar humano muere, nos tomamos un proceso de duelo; faltamos al trabajo, dejamos de hacer actividades unos cuantos días, hay personas que nos acompañan en nuestro dolor, tenemos apoyo emocional y, a veces, hasta buscamos ayuda profesional. Con nuestras mascotas no es el mismo proceso, la mayoría de las personas responden con “lo superarás, sólo era un perro”, no hay permiso en el trabajo para tomarnos unos días y los demás no ven la situación de la misma forma que nosotros por lo que nos reprimimos de emociones y de lidiar con el dolor.

Según la psicóloga Julie Axelrod, parte del duelo está relacionado con la pérdida de un amor incondicional, además de la alteración de un rutina y de la compañía de “alguien”. La pérdida de una mascota conduce a una gran interrupción de nuestra rutina diaria, a veces mucho más que la de una persona. Programamos nuestro día alrededor de nuestro perro, nos vamos y él se queda, llegamos y él nos recibe, es nuestra compañía y nuestro confidente, entonces cuando perdemos todo este orden nos sentimos completamente perdidos.

Lo mejor es que vivamos el duelo de nuestra mascota, que seamos comprensivos con nosotros mismos y, si es necesario, acudamos a terapia. Debemos darle la importancia que nosotros creemos que merece y enfrentarlo como se hace con cualquier pérdida, pues también era un ser querido que nos duele dejar ir.